"Portal de Información sobre las Torres del Paine y la Patagonia de Chile y Argentina"
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Sofía Montero

17.12.2012

El 2010 con mi marido, en ese tiempo pololo, decidimos hacer el circuito de la O. Ambos habíamos hecho la W por separado y era un pendiente hacer el circuito completo.

Anteriormente yo había ido con mi familia y nos habían tocado los días increíbles con solo y calor, por lo que fue puro disfrute.

Este viaje fue completamente diferente.

Aquí adjunto un relato que escribí a mi familia unos días después de haber llegado, todavía recordando vívidamente la experiencia. Creo que refleja mucho más como fue el viaje que si escribiera hoy algo de nuevo a partir de los recuerdos.

Les cuento que ya estamos de vuelta, cómodamente en la casa de Max Pulido -amigo de Javier que esta trabajando acá en las Torres – con vista a las torres (cuando esta despejado). Digo cómodos y además felices, después de haber vivido una aventura muy extrema. La verdad es que el tiempo no nos ha acompañado nada. Por lo tanto, algo que podría haber sido fácil,  feliz y bien fotografiado, ha resultado ser con mucha lluvia, frío, poca foto, pero igual harta risa….de la mala cueva que hemos tenido.

Nos partió lloviendo cuando nos bajamos del avión en Punta Arenas. Ahí tuvimos que esperar con frío y sueño, porque los buses a Puerto Natales estaban colapsados y los extras que ponen en esta época, estaban dedicados a los dos cruceros que habían llegado ese día, gringos de M.

En búsqueda de los buses, Javier se dedico a correr de Buses Fernández, a Sur, a Pacheco para encontrar el que saliera más temprano. ($14.000 a Natales ida y vuelta). Al final encontramos a las 2pm.

En Puerto Natales salimos a comer a  la Picada de Carlitos, la picada local, con un plato de centolla por 5 mil pesos. Yo pedí un cebiche de salmón por 3 mil pesos. En una paila de greda gigante que no pude terminar. Restaurante recomendado y típico de la zona. Alojamos en hostal Balmaceda (por la módica suma de $6.000, tenían una cocina a leña pero de gas, cool…) para partir al día siguiente a las Torres en buses María José ($10.000). Ese día amaneció lloviendo, pero después se despejo y estuvo rico y pudimos ver las torres en plenitud. En el bus nos sentamos detrás del chofer y pudimos ver nuestra muerte. El loco manejaba rajado, era seco, pero igual nos vimos dados vuelta. En menos de 2hr y media, estábamos en las Torres.

Almorzamos donde Max un rico pastel de choclo que nos hizo la Dani y partimos esa tarde al primer campamento (Serón). Ahí partió la lluvia que nos acompañaría para siempre.

El camino a Serón precioso, bordeando el río Paine. El mismo campamento nada muy lindo, medio venido a menos pero salvaba. En el atardecer vimos una nube Lenticular increíble.

Al día siguiente al campamento Dickson nos demoramos 6 horas y media. En general somos gente que cumple los horarios del mapa, caminamos como la gente promedio. Aunque sufrimos porque habían unos carteles mal pegados que ponían que quedaba una hora y quedaban casi dos. El trayecto fue de lluvia intermitente y mucho viento todo el día, que siguió toda la noche, que nos limito la vista y el disfrute del paisaje.  La dinámica del campamento fue un poco latera ya que llegábamos a los campamentos a encerrarnos a la carpa porque llovía y no había donde cocinar. Igual pudimos ver el Glaciar Dickson cayendo sobre el Lago y la playita que nos volábamos por el viento pero igual filete. En general comimos rico todos los días, su sopita infaltable para entrar en calor, desayunos con huevitos que valen $200 en la mayoría de los campamentos. Ahí en Dickson nos regalamos una Fanta, que tenía promoción de Halloween (esto era febrero). Las raciones de marcha también son justas y calóricas. Snickers comidos sin remordimientos, ramitas, chewy, jugos Go, mani con miel etc. Mirando a otros campistas hemos aprendido que venden atún en bolsa (no en lata), que el charqui se hidrata y es como comer carne. Que venden unos duraznitos en pote chico que igual se agradecen y otras cosas más que ya no me acuerdo. Hemos sido envidia con nuestro pan pita con queso y jamón derretido pal desayuno, y nuestras salchichas Llanquihue con tallarines y salsa de tomate. Además nos comimos unas machas a la parmesana increíbles.

Siguiendo…El Tercer día, partimos a Los Perros. Empezamos a consolidar un grupito con una compañera de universidad, dos amigas de ella y un doctor (siempre es bueno ir con un doc), su señora y Pato, un gallo muy buena onda que la estaba haciendo al solitario y que era seco. Con ellos habíamos caminado los otros días y nos íbamos topando a cada rato.

A Javier le empezó a doler la rodilla, así que no pudimos parar en todo el trayecto que en el mapa decía que duraba 3,5 horas, pero en verdad eran 5 hrs. Gracias a Dios que la Elisa, mi hermana, me había dicho. Esa caminata es relajada y muy linda, por bosques de lenga bien grandes y húmedos. Los días anteriores, a pesar de ser largos tampoco eran difíciles, el trayecto más apestoso lejos fue Perros-Grey, que ya les contaré. Llegamos a Los Perros lloviendo y viendo el glaciar bien a la rápida por el frío pero impresionados de la lengua de hielo que caía sobre el lago. Armamos carpa lloviendo y desarmáramos así mismo. Todos los días. La carpa llego a pesar por lo menos 3 kilos más de agua y barro. Lo bueno es que en los Perros había un quincho (unas maderas con plástico cruzado) y un tambor de chimenea que por lo menos tenia el lugar calentito y uno se podía secar, sociabilizar y cocinar, que es apestoso hacerlo en la carpa porque se termina condensando todo el vapor.

A la mañana siguiente muy temprano, nos armamos de valor y previo acuerdo con nuestro grupo buena onda, partimos al temido cruce John Gardner. Que con viento, lluvia y nieve era más temible. Los caminos llenos de barro, jabonosos, viento que te volabas, granizo y lluvia que te mataba la cara. A penas se avanzaba. Cundió el pánico cuando a los primeros 200 mts de acarreo (después de 2hrs de caminata) subiendo nos encontramos con una loca cubierta por una forro de carpa para que no se congelara, gritando de dolor. Se le corrió la rotula y hubo que organizar operativo para bajarla. Un guía (tipo ironman) que iba con unos viejitos de 75 años (ídolos) tuvo que mandarlos para abajo y bajar a la loca en brazos. Además la pobre herida tuvo la suerte de que pasó un traumatólogo y le metió la rodilla, chillaba a morir. El traumatólogo dijo que esa lesión era para arreglarla en no más de 30 minutos sino quedabas con lesiones permanentes. Así que tuvo demasiada suerte. Después en Dickson la iban a bajar a caballo. (Todo eso lo supimos después, porque en el minuto era un griterío en que el guía ironman nos decía que el se encargaba, que siguiéramos, que no paráramos…todo con acento patagón). La bajada fue cuática, se veía bien poco campos de hielo, no podía ni sacar la cámara porque llovía a mares y después en minutos felices en que se iluminaba un poco campos de hielo y el Glaciar Grey, no podíamos ni parar porque Javi seguía con problemas a la rodilla. La bajada era interminable, con unos escalones de maderita apestosos. El barro cuático, era para irse de poto resbalando todo el rato. Los bastones lo más útil de todo. La caminata igual era preciosa. Uno va bajando hasta encontrarse a la altura del murallón del Glaciar, de más de 30 metros…después uno camina al lado todo el rato subiendo y bajando. Alojamos en El Paso, en un campamento del terror. Todo lo que habíamos logrado secarnos caminando murió cuando armamos la carpa que se puso a llover que se caía el cielo. Todo el mundo congelado y empapado. El quincho era una barreal con puras cosas colgadas que te terminaban empapando, un hueco al lado de la chimenea casi imposible de encontrar. Al día siguiente partimos a Grey, ya avanzando 200 mts la lluvia fue un poco más piola y se puso todo más tranquilo. El camino espectacular, lejos lo más lindo, caminando al lado del Glaciar que va tomando colores espectaculares, con otros glaciares cayendo desde el frente. El trayecto más lindo lejos. Ahí también hubo unos minutos felices que logre sacar la cámara rápido para que Javier no me retara porque quería llegar rápido. El es de los que camina, quiere cumplir las horas y poder descansar. Yo soy de las que me iría quedando parada en cada mirador y me instalaría horas a mirar, a dormir siesta, etc. Pero es más difícil cuando se esta empapado y el otro lleva la carpa que pesa 100 kilos también. Hubo esa jornada unas quebradas cuáticas, la primera sobre todo que el río venia gigante y era peligrosísimo cruzar. Igual pasamos su susto. Había que subir harto por el rio arriba para llegar donde había un tronquito parado para afirmarse. El resto, abrir bien las piernas para saltar. Quebradas que sin agua uno demora unos minutos en cruzar, nosotros demorábamos 45  min. Por suerte nuestros zapatos han aperrado heavy y no se han pasado nada. Todos andan con los zapatos y patas empapadas y nosotros es lo único que andamos piola porque en el tema de impermeabilidad fallamos. Javi tenia una parca North Face que al parecer ya no es impermeable, Y yo solo un cortaviento. Mi impermeable grande lo usamos para tapar la mochila con la carpa que el cobertor no le cabía porque era muy grande.

Bueno como dije, en Grey fue rico, pudimos secar la carpa, ducharnos con agua caliente y recuperar calor. Igual siguió lloviendo así que cocinamos en carpa. Ahí supimos que el mal tiempo era en todo las torres, Puerto Natales y Punta Arenas. Y que el Italiano (que venia después de pehoé) estaba cerrado porque se había salido el rio, inundado el camping y colapsado los pozos de los baños. Ósea era también emergencia sanitaria.

Partimos a Pehoé con el tiempo mas estable y un par de salidas de sol. Pehoé estaba lleno a reventar por lo del italiano, pero nuestro grupo buena onda que había partido antes nos reservo espacio. Ahí nos encontramos con unos amigos que habían llegado en el catamarán del Grey. Ellos venían de alojar en la hostería Grey, con vista al glaciar y comida de lujo, el shock del camping era fuerte, eso que Pehoé es civilización con baños de lujo, un quincho filete etc. Además contrataron porteador por día.

Esa tarde en Pehoé, pudimos ver los cuernos en una despejada loca que se pegó por ahí. Celebrando nuestro termino de la O, fuimos a tomarnos unas cervezas al Hotel Paine Grande. Ante el cierre intermitente del Italiano. Pensamos en ir por el día al Francés, solo si iba a estar lindo. Además había un rio que esta muy peludo de cruzar. Siguiendo la regla, llovió toda la noche y al día siguiente estaba más tapado que nada. Decidimos partir en el catamarán a las torres no más.

El catamarán por el Pehoé ($11.000)  es bacán, si no fuera porque no se veía nada, pero igual fue rico. Desde Pudeto (donde llega el Catamarán, nos llevo el mismo bus María José, gratis a Laguna Amarga. De nuevo el mismo chofer rajado…toda una experiencia andar a alta velocidad en bus por las Torres. Desde Laguna Amarga nos tomamos un transfer a las torres (por $2.500), íbamos felices ya viendo una cama caliente cuando salió una mochila volando desde el techo. Obvio q tenia que ser la nuestra…precisamente la de Javier que llevaba mi Lente Macro, mi inversión de la vida!. El conductor, para matarlo, decía: hay pero si la amarré!. Ni siquiera fue a buscar la mochila, Javier tuvo que partir corriendo a recogerla. Por suerte al lente no le paso nada, pero la rabia que me dio!!!.

Eso fue ayer. Llegamos a la casa de Max, y volvimos a recuperar calor, secar las cosas y lavar toda la ropa cochina. Hoy esperábamos subir a las torres pero llueve y llueve, hay nieve bajísima y tampoco se ve mucho. Así que hemos hecho día de casa.

Nos vamos a quedar como 3 días más por el sector y de ahí nos vamos al Calafate y después al Chaltén. Todavía nos quedan 2 semanas por la Patagonia. Ojalá mejore el tiempo…aunque igual ha sido entrete así. The Real Patagonia, la verdadera O, el verdadero Paso de los Perros…

Ahora nos queda un nuevo pendiente, hacerlo de nuevo con buen tiempo.

……………..

Finalmente hicimos el intento a las Torres con lluvia pero llegamos empapados al Chileno y nos devolvimos.

El día que partíamos al Calafate salió el sol esplendoroso, sin nubes, con las Torres en su esplendor, sacándonos pica.

Pero fuimos recompensados con unos días de lujo en Argentina, donde después de más de un mes, se vio el Fitz Roy y el Cerro Torres.

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